Mandamiento número uno del manual del fotógrafo de bodas en Sicilia: nunca pidas a los padres de la novia unas pistolas para la foto. En caso de pedirlas, comprueba que están descargadas. El fotógrafo Calogero Scimea, de 45 años, desconocía este principio básico y lo pagó con su vida.

La pareja formada por Valentina Anitra, de 22 años, e Ignazio Licodia, de 25, acababa de celebrar su boda en la coqueta iglesia de Altofonte, cerca de Palermo. Una vez concluida la ceremonia, la pareja acudió a la casa de los padres del novio, acompañados del fotógrafo, quien tuvo la infeliz idea de preguntar al padre de la novia si tenía unas pistolas para que los recién casados posaran con ellas. El solícito consuegro acudió a su hogar en las inmediaciones y volvió con sendos rifles.

Lo que sucedió a partir de ahí es un misterio que trata de resolver el departamento de balística de Palermo. Supuestamente, uno de los rifles se disparó, alcanzando al fotógrafo en la cabeza y causándole la muerte instantánea. Se especula que el arma estuviera en manos de alguno de los padres o tal vez de los propios novios o incluso que el mismo fotógrafo se disparara accidentalmente

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